Prostatitis

Es una inflamación de la glándula prostática que frecuentemente presenta una serie de síntomas como dolor o dificultad para orinar. La causa puede ser infecciosa o no infecciosa.

¿Qué es la prostatitis?

La prostatitis es una inflamación de la glándula prostática que suele manifestarse con síntomas como dolor o dificultad para orinar. Puede afectar a hombres de cualquier edad, aunque es más frecuente a partir de los 35 años.

Sus causas pueden ser infecciosas o no infecciosas, lo que permite clasificarla en prostatitis bacteriana y no bacteriana. En los casos de origen bacteriano, el tratamiento habitual incluye antibióticos.

Dependiendo de su causa, la prostatitis puede aparecer de forma súbita o progresiva, y puede mejorar rápidamente, ya sea de manera espontánea o con tratamiento.

Tipos de prostatitis

En general, hay cuatro tipos de prostatitis. Algunos de ellos duran meses o se vuelven recurrentes (prostatitis crónica).

Complicaciones

La prostatitis puede derivar en algunas complicaciones como:

Síntomas de Prostatitis

Los síntomas de la prostatitis van a depender de la causa que la origine, entre los principales se encuentran:

Sensación de ardor o dolor al orinar.

Dificultad para orinar, como goteo.

Micción frecuente, aun cuando sólo haya una cantidad pequeña de orina.

Urgencia de orinar.

Dolor en el abdomen, la ingle o la espalda (lumbar).

Presión o dolor en la parte entre el escroto y el recto (perineo).

Problemas sexuales o falta de libido.

Eyaculación dolorosa

Signos y síntomas parecidos a los de la gripe como escalofríos y fiebre (con prostatitis bacteriana).

Causas de Prostatitis

Las causas de la prostatitis son diversas y dependen del tipo de agente patógeno que ha provocado la inflamación de la próstata. Estos pueden ser de origen bacteriano o no bacteriano.

En la mayoría de los casos está causada por la entrada de gérmenes a la próstata a través de la uretra (infección bacteriana). Sin embargo, otros cuadros inflamatorios de la próstata podrían estar causados por un estrechamiento de la uretra y del cuello o la pared de la vejiga, por una alteración del retorno venoso o porque parte de la orina se filtra hacia el interior de la glándula prostática (flujo intraductual).

Los factores que aumentan el riesgo de desarrollar prostatitis son:

Diagnóstico de la prostatitis

El diagnóstico de la prostatitis se basa en la historia clínica del paciente, así como en la exclusión de otras patologías que puedan causar síntomas similares y en la identificación del tipo específico de prostatitis.

Para ello, pueden realizarse distintas pruebas complementarias. Entre las exploraciones más habituales se incluyen:

Exploración física (tacto rectal).

esenciales para entender el tipo de curvatura y su intensidad, y para monitorizar la respuesta al tratamiento.

Cultivo fraccionado de orina.

Se basa en la obtención por separado de diferentes especímenes de orina y secreciones prostáticas.

Cultivo de semen.

Consiste en analizar el semen para buscar posibles infecciones que estén causadas por bacterias, hongos u otros microorganismos.

Análisis de sangre.

Masaje prostático.

En algunos casos, se puede masajear suavemente la próstata durante un tacto rectal para liberar líquido prostático hacia la uretra. Una muestra de orina después del masaje expulsa el líquido de la próstata para realizar pruebas bacterianas.

Ecografía.

En algunos casos, se puede solicitar una ecografía de la próstata.

Si las pruebas iniciales no muestran signos de infección, es posible que se indiquen a otras como:

Tratamientos y Tecnología

El tratamiento de la prostatitis crónica o dolor pélvico crónico del varón debe hacerse de forma individualizada y supervisada por un especialista en esta enfermedad.

Habitualmente, no existe una terapia única eficaz y el tratamiento debe ser multimodal, probando distintas opciones terapéuticas para dar con la más adecuada en cada caso. Entre estas, se incluyen:

Medidas conservadoras no farmacológicas

Fisioterapia.

La intervención de un fisioterapeuta puede ayudar a tratar puntos gatillo, definidos como áreas osteo-musculares, cuya presión o movilización disparan el dolor. Se basa, sobre todo, en la realización de masajes, estiramientos, liberación de los puntos gatillo por digitopresión, técnicas de inducción miofascial y tratamiento de la hipertonía diafragmática y de la musculatura abdominal. El tiempo es un factor clave, ya que la liberación de las fibras es un proceso lento.

Terapia electromagnética y termoterapia con microondas.

Algunos estudios con pocos pacientes han demostrado su utilidad en la mejoría de los síntomas.

Acupuntura.

Consiste en la inserción de agujas muy finas en la piel en puntos estratégicos con el objetivo de estimular nervios, músculos y tejidos conectivos y activar el flujo sanguíneo. En un reciente metaanálisis que recoge la experiencia con 471 pacientes, se observó que la acupuntura mejoraba los síntomas, por lo que debe considerarse como una alternativa terapéutica eficaz y segura.

Estimulación del nervio tibial.

Este tipo de técnicas, aunque prometedoras, se reservan para casos muy concretos.

Ondas de choque.

En los últimos años, diversos estudios han demostrado que la terapia con ondas de choque puede mejorar los síntomas del dolor pélvico crónico, además de aumentar la calidad de vida y mejorar el vaciado vesical, sin presentar efectos adversos relevantes. Generalmente, el tratamiento se realiza de forma semanal durante aproximadamente 4 semanas, pudiendo llevarse a cabo de manera ambulatoria y sin necesidad de anestesia. Esta terapia favorece la regeneración de los vasos sanguíneos en la zona perineal, lo que contribuye a reducir la inflamación prostática, disminuir las contracturas musculares y mejorar el flujo sanguíneo en la próstata.

Medidas conservadoras no farmacológicas

Antiinflamatorios.

Los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) mejoran la sintomatología relacionada con el dolor pélvico crónico. Si bien esta mejoría se limita al tiempo de tratamiento con los mismos.

Alfa-bloqueantes:

Varios estudios han observado el efecto de estos fármacos en el tratamiento de esta patología con resultados discordantes. Probablemente tengan un efecto beneficioso, aunque este será más acusado en pacientes que además presenten problemas miccionales.

Inhibidores de la 5-alfa-reductasa

Basándose en la evidencia disponible, no se puede recomendar el uso de este tipo de fármacos en el tratamiento del dolor pélvico crónico, al menos de forma general.

Fitoterapia.

Diversos extractos han demostrado beneficios en la mejoría de los síntomas con respecto a placebo, aunque la gran variedad de compuestos disponibles no permite extraer conclusiones generalizadas.

Toxina botulínica.

En un trabajo reciente, se ha demostrado la posible eficacia de inyecciones con Botox® en la musculatura pélvica, aunque son necesarios más estudios que avalen su utilidad.

Terapia psicológica

En muchos casos, el dolor pélvico crónico tiene consecuencias importantes sobre el paciente a nivel psicológico. Estas pueden ir desde alteraciones del ánimo en general, hasta dificultades en el desempeño sexual. En este caso, una evaluación psicológica/sexológica puede ayudar a mejorar el cuadro.