Cáncer de Testículo

El cáncer de testículo presenta altas tasas de curación, especialmente gracias al diagnóstico precoz y a la buena respuesta a los tratamientos.

Representa aproximadamente el 1% de las neoplasias en adultos y el 5% de los tumores urológicos, con una incidencia de entre 3 y 10 nuevos casos por cada 100.000 varones al año en las sociedades occidentales.

El pico de incidencia se sitúa entre la tercera y la cuarta década de la vida.

¿Qué es el cáncer de testículo?

El cáncer de testículo se produce cuando las células comienzan a crecer de forma descontrolada en los testículos. Para comprender esta enfermedad, es importante conocer la estructura y función normal de estos órganos.

Los testículos son dos estructuras del sistema reproductor masculino situadas dentro del escroto, un saco de piel que cuelga por debajo del pene. Sus funciones principales son la producción de hormonas masculinas (andrógenos), como la testosterona, y la producción de espermatozoides, que son las células encargadas de la reproducción.

Los espermatozoides se forman en los túbulos seminíferos, unos conductos finos situados dentro de los testículos, y posteriormente maduran en el epidídimo, una estructura ubicada detrás de cada testículo. Durante la eyaculación, los espermatozoides viajan a través del conducto deferente hasta mezclarse con los fluidos producidos por las vesículas seminales y la próstata, formando el semen, que finalmente es expulsado a través de la uretra.

El cáncer de testículo suele manifestarse como una masa en el escroto, generalmente indolora y de aparición reciente. En algunos casos, puede debutar en fases avanzadas con diseminación local, retroperitoneal o a distancia, produciendo síntomas en función de la localización de las metástasis.

Existen diferentes tipos de tumores testiculares, con características y pronósticos variados, que responden de manera distinta a los tratamientos según su tipo histológico.

La evaluación inicial se basa en la exploración física y la ecografía escrotal, considerada la prueba de referencia, ya que permite identificar la presencia del tumor, su extensión local y la posible afectación de estructuras cercanas.

Ante la sospecha de cáncer testicular, se realizan análisis de marcadores tumorales como beta-HCG, alfa-fetoproteína y LDH, que aportan información diagnóstica y pronóstica. Además, se solicita un TAC toracoabdominal para detectar la posible afectación ganglionar o la presencia de metástasis, que pueden aparecer de forma precoz en este tipo de cáncer.

El tratamiento principal es quirúrgico. Generalmente se realiza la extirpación completa del testículo (orquiectomía), aunque en casos seleccionados puede plantearse una cirugía parcial si el tumor es pequeño. La intervención se realiza a través de una incisión inguinal, controlando las estructuras del cordón espermático para evitar la diseminación tumoral. En función de las preferencias del paciente, puede colocarse una prótesis testicular con fines estéticos.

El postoperatorio suele ser breve y bien tolerado, siendo posible el alta en el mismo día o en las horas posteriores a la cirugía. Posteriormente, el paciente acude a consulta para conocer los resultados anatomopatológicos.

En casos de mayor riesgo o con enfermedad diseminada, la quimioterapia es altamente eficaz y permite alcanzar elevadas tasas de curación, incluso en fases avanzadas. En determinadas situaciones, también puede ser necesario combinarla con radioterapia o cirugía.

Dado que el cáncer testicular puede presentar recurrencias, especialmente en fases iniciales del seguimiento, es fundamental realizar controles periódicos estrictos y bien protocolizados.

Efectos secundarios del tratamiento

Como consecuencia de la cirugía y la quimioterapia para el tratamiento del cáncer de testículo, los hombres pueden sufrir distintos efectos secundarios:

Alteración de la autoimagen

que puede contrarrestarse, en parte, mediante la colocación de la prótesis de teste.

Disminución de testosterona

La presencia de un único testículo puede aumentar el riesgo de presentar niveles bajos de testosterona, con las consecuencias que esto puede implicar. Entre ellas se incluyen la disfunción eréctil, la disminución del deseo sexual, el aumento de peso, la pérdida de masa muscular, la resistencia periférica a la insulina, la osteoporosis y un mayor riesgo cardiovascular o prostático.

Alteración de la fertilidad.

Muchos de los tratamientos pueden alterar la fertilidad. En este sentido, se puede recurrir a la criopreservación espermática antes del inicio de los tratamientos sistémicos (quimio y radioterapia) para tratar de disponer de material biológico que no haya sido afectado por las toxicidades propias de dichos tratamientos.

Síntomas de Cáncer de testículo

El tumor testicular suele manifestarse como un nódulo sólido en el testículo, generalmente indoloro, que puede detectarse mediante la autoexploración. Es poco frecuente que debute con hemospermia (presencia de sangre en el semen), y aunque el dolor escrotal no es habitual, puede aparecer en casos de sangrado o isquemia dentro del tumor.

El cáncer de testículo se caracteriza por un crecimiento rápido, en cuestión de días o semanas. Habitualmente se origina en el propio testículo, aunque puede afectar a estructuras cercanas. Además, tiene tendencia a producir metástasis de forma precoz, por lo que en algunos casos los primeros síntomas pueden deberse a la diseminación de la enfermedad. Por este motivo, el diagnóstico precoz es fundamental para evitar su progresión.

En aproximadamente el 7% de los casos puede aparecer ginecomastia (aumento del tamaño mamario en el varón). También pueden presentarse infertilidad e hipogonadismo, debido a la disminución de las hormonas sexuales.

En fases avanzadas pueden aparecer síntomas generales como pérdida de peso, falta de apetito o dolor lumbar, relacionados con la presencia de masas tumorales en el retroperitoneo. Esto se debe a que el drenaje linfático de los testículos se dirige hacia los ganglios situados alrededor de la aorta y la vena cava.

Causas de Cáncer de Testículo

La incidencia del cáncer testicular ha aumentado en las últimas décadas, especialmente en países industrializados, posiblemente en relación con factores ambientales y disruptores hormonales, como la contaminación y la exposición a agentes químicos presentes en el agua y los alimentos.

Además, se han identificado diversas alteraciones genéticas asociadas al desarrollo de este tipo de tumor, así como múltiples factores de riesgo:

Diagnóstico del cáncer de testículo

Para el diagnóstico del cáncer de testículo, además de una adecuada exploración física, se realizan las siguientes pruebas diagnósticas:

La ecografía Doppler permite evaluar la estructura de los testículos y su vascularización, facilitando la detección de masas y la valoración de su extensión.

El uso de la ecografía testicular permite:

La ecografía testicular también se recomienda para todos los hombres con masas retroperitoneales o viscerales y/o sin elevación de marcadores tumorales testiculares en ausencia de una masa testicular palpable. Cuando existen dudas, se puede realizar una resonancia magnética (RMN) escrotal.

Tipos de tumores de testículo

Tratamientos del cáncer de testículo

El tumor testicular presenta altas tasas de curación debido a la buena respuesta a tratamientos quirúrgicos y con quimioterapia, al diagnóstico precoz y al tratamiento de uro-oncología. 

Orquiectomía

El tratamiento estándar del tumor testicular es la orquiectomía radical por vía inguinal. Este procedimiento consiste en la extirpación del testículo a través de una incisión en la ingle, evitando así abrir la piel del escroto y prevenir la posible diseminación de células tumorales al alterar el drenaje linfático.

Durante la misma intervención, puede realizarse la colocación de una prótesis testicular con fines estéticos, sin que ello suponga un aumento de complicaciones ni afecte a los resultados oncológicos.

Una vez extirpado el testículo, ya sea de forma total o parcial, la pieza se envía a anatomía patológica para su análisis. Este estudio permite determinar el tipo de tumor y orientar el tratamiento posterior. Aunque en fases iniciales puede no ser necesario tratamiento adicional, en determinados tipos tumorales o en casos en los que la enfermedad se ha extendido fuera del testículo, será preciso complementar con otras terapias.

Cirugía conservadora

La cirugía conservadora consiste en la tumorectomía o exéresis exclusiva del tumor, preservando el resto del testículo.

Este procedimiento está indicado en casos seleccionados, como en pacientes con tumores en ambos testículos o en aquellos con un único testículo, siempre que mantengan niveles normales de testosterona y que el tumor no supere un tercio del volumen testicular.

Linfadenectomía

La linfadenectomía retroperitoneal consiste en la extirpación de los ganglios linfáticos afectados o de la masa ganglionar metastásica localizada en el retroperitoneo, alrededor de los grandes vasos, como la arteria aorta y la vena cava, hasta el nivel de las arterias renales.

Durante el procedimiento, es fundamental intentar preservar los nervios implicados en la eyaculación.

Quimioterapia

Los tumores testiculares son muy quimiosensibles, por lo que se obtienen buenos resultados con la administración de quimioterapia, aunque exista una siembra metastásica de la enfermedad. Ésta se administra tras la orquiectomía de forma profiláctica en pacientes de alto riesgo o para tratar una enfermedad diseminada.

Radioterapia

La radioterapia es una opción terapéutica útil principalmente en los tumores seminomatosos, debido a su alta radiosensibilidad.

Tras el tratamiento, es fundamental realizar un seguimiento estrecho mediante la determinación de marcadores tumorales, estudios de imagen como el TAC y la exploración clínica, con el objetivo de descartar posibles recidivas.