Cáncer de prostata

Un diagnóstico adecuado y realizado a tiempo puede ser clave para preservar la salud y la calidad de vida. En Clínica Navalón contamos con un equipo de especialistas altamente cualificados, que ofrecen tratamientos innovadores basados en los últimos avances científicos y la tecnología más avanzada.

Diagnóstico del cáncer de próstata

El cáncer de próstata es una enfermedad en la que se desarrollan células malignas (cancerosas) en los tejidos de la próstata. Esta glándula, perteneciente al aparato reproductor masculino, tiene la función de producir un líquido que forma parte del semen. Se localiza por debajo de la vejiga y rodea una porción de la uretra, y su tamaño es similar al de una nuez.

La incidencia del cáncer de próstata presenta variaciones significativas entre distintas regiones geográficas. Estas diferencias pueden estar relacionadas con factores étnicos, el envejecimiento de la población —ya que la edad es el principal factor de riesgo— y el uso habitual del PSA como herramienta de cribado para este tipo de tumor.

Los antecedentes familiares y el origen étnico se asocian con un mayor riesgo de desarrollar esta enfermedad, lo que sugiere la existencia de una predisposición genética. En los casos de cáncer de próstata hereditario, el inicio suele producirse entre seis y siete años antes; sin embargo, la agresividad y la evolución clínica no parecen diferir respecto a otros casos.

Tipos de cáncer de próstata según su fase o estadiaje

En función de si el tumor se encuentra localizado en la próstata o se ha extendido fuera de ella, así como de la presencia o no de metástasis, el cáncer de próstata se clasifica en distintos estadios.

Esta clasificación resulta fundamental, ya que según el grado de evolución de la enfermedad se determinará el tratamiento más adecuado en cada caso.

Cáncer de próstata localizado

Se trata de un tumor localizado en la próstata, que no ha invadido los ganglios ni ha producido metástasis. En una alta proporción de casos es curable, y las opciones de tratamiento más indicadas en esta fase incluyen la cirugía (prostatectomía radical), la radioterapia externa, el tratamiento focal o la vigilancia activa. Por ello, el pronóstico en estos pacientes suele ser muy favorable.

Cáncer de próstata localmente avanzado

Se trata de un tumor de próstata que se ha extendido fuera de la glándula o ha afectado a los ganglios linfáticos cercanos, pero sin presentar metástasis a distancia. A pesar de ello, continúa siendo potencialmente curable. En estos casos, los tratamientos más indicados son la cirugía (prostatectomía junto con linfadenectomía) o la combinación de radioterapia y hormonoterapia. El tratamiento focal no está indicado en esta fase. El pronóstico es intermedio, aunque sigue tratándose de una enfermedad con posibilidad de curación.

Cáncer de próstata con metástasis

Cuando el tumor se disemina y produce metástasis en otros órganos o en los huesos, el cáncer de próstata deja de considerarse curable. En estos casos es necesario recurrir a tratamientos sistémicos, como la hormonoterapia o la quimioterapia. Actualmente, se dispone de un número creciente de opciones terapéuticas que permiten controlar la enfermedad durante periodos prolongados de tiempo.

Complicaciones del cáncer de próstata

El cáncer de próstata y algunos de sus tratamientos pueden llevar asociadas diversas complicaciones:

Incontinencia urinaria.

Tras la realización de una prostatectomía radical, en algunos casos puede aparecer incontinencia urinaria, manifestada como pérdida involuntaria de orina.

Para reducir el riesgo de esta complicación, se recomienda llevar a cabo ejercicios de rehabilitación del suelo pélvico antes de la cirugía y retomarlos de forma precoz tras la intervención..

Si la incontinencia urinaria persiste después de la cirugía, el tratamiento debe abordarse de manera progresiva, comenzando con rehabilitación, pudiendo recurrir posteriormente al implante de una malla suburetral o, en casos más avanzados, al implante de un esfínter urinario artificial.

Disfunción eréctil o impotencia.

La función eréctil puede verse afectada por los distintos tratamientos empleados en el cáncer de próstata, ya sea la cirugía, la radioterapia o las terapias hormonales.

Para el tratamiento de la disfunción eréctil existen múltiples opciones terapéuticas, que abarcan desde el uso de medicación, pasando por dispositivos de vacío que facilitan la erección, hasta intervenciones quirúrgicas como el implante de prótesis de pene.

Síntomas del cáncer de próstata

El cáncer de próstata, en la mayoría de los casos, no produce síntomas en fases iniciales. Habitualmente se diagnostica de forma precoz, antes de que llegue a ocasionar manifestaciones clínicas.

Los síntomas que puede presentar un paciente con un tumor prostático suelen estar relacionados con la hiperplasia benigna de próstata, ya que ambas condiciones pueden coexistir.

En algunos casos, el cáncer de próstata puede manifestarse directamente en estadios avanzados. En estas situaciones, el tumor puede producir síntomas locales como:

Causas de Cáncer de Próstata

No se conocen con exactitud las causas del cáncer de próstata, aunque el principal factor de riesgo para su desarrollo es la edad. También se han observado asociaciones con factores raciales, siendo más frecuente en hombres de raza negra. Asimismo, existe una relación clara entre determinadas mutaciones genéticas, como en los portadores de los genes BRCA1 y BRCA2, y un mayor riesgo de desarrollar cáncer prostático.

Por otro lado, algunos factores relacionados con el estilo de vida y la alimentación podrían influir en su aparición, como la obesidad, la diabetes, el consumo de alcohol, la ingesta elevada de carne roja y las dietas ricas en alimentos grasos, fritos, lácteos y productos procesados.

En contraposición, alimentos como el tomate, los licopenos y la soja parecen tener un efecto protector. En cuanto a ciertos micronutrientes, como el selenio y la vitamina E, su relación con el desarrollo del cáncer de próstata sigue siendo objeto de debate.

Diagnóstico del cáncer de próstata

El cáncer de próstata no suele presentar síntomas en sus fases iniciales. Por este motivo, es fundamental acudir al urólogo para realizar un diagnóstico precoz mediante las siguientes pruebas:

Determinación de PSA.

Se trata de un análisis de sangre en el que se mide el nivel de PSA (antígeno prostático específico), una sustancia producida de forma natural por la próstata. No existen valores normales universales de PSA, ya que su interpretación debe considerar factores como la edad, el tamaño prostático y el número de biopsias previas. De forma general, se considera que un PSA inferior a 1 es un valor óptimo a cualquier edad. Por otro lado, un PSA superior a 2,5 puede estar relacionado con la presencia de infección, inflamación, aumento del tamaño de la próstata o incluso con un cáncer de próstata.

Tacto rectal.

Se realiza con el objetivo de valorar la consistencia y el tamaño de la próstata. En caso de detectar alguna irregularidad en su textura, forma o dimensiones, puede ser necesario complementar el estudio con otras pruebas diagnósticas.

Examen de orina.

Se extrae una muestra de orina para determinar si hay hematuria (sangre en la orina) o alguna otra anomalía.

Pruebas complementarias

Si se detecta alguna anormalidad en las pruebas anteriores, se puede indicar la realización de otras pruebas, como las siguientes, para determinar si se tiene cáncer de próstata:

Resonancia nuclear magnética multiparamétrica de próstata.

Se trata de una prueba no invasiva que permite obtener múltiples imágenes de la próstata y evaluar su comportamiento. La resonancia magnética (RMN) proporciona una estimación del riesgo de presencia de cáncer de próstata mediante la clasificación PIRADS, que va de 1 (riesgo muy bajo) a 5 (riesgo muy alto).
Además, esta técnica permite identificar principalmente aquellos tumores con relevancia clínica o que pueden comprometer la vida del paciente. También aporta información muy útil sobre el tamaño del tumor, el volumen prostático, la estadificación de la enfermedad y la localización precisa dentro de la próstata, entre otros aspectos.

Biopsia de próstata:

Consiste en la inserción de una aguja fina en la próstata con la intención de extraer parte de su tejido celular y analizarlo. Este análisis permite confirmar o descartar la presencia de células cancerosas en la próstata.

Biopsia de próstata mediante fusión de imágenes.

Cuando se identifica una lesión con clasificación PIRADS 3 o superior, suele indicarse la realización de una biopsia guiada por ecografía. Esta técnica permite generar un modelo tridimensional en tiempo real, facilitando la toma de muestras mediante la integración de las imágenes obtenidas en la resonancia magnética.
Gracias a esta prueba es posible determinar con precisión el tipo de tumor, su extensión y su grado de agresividad, lo que permite diseñar un tratamiento personalizado para cada paciente.
La biopsia prostática por fusión no solo integra las imágenes de la resonancia magnética multiparamétrica (RMN), sino que también puede incorporar imágenes de PET, lo que permite una valoración funcional más completa del tumor.

Microultrasonidos.

Se trata de una tecnología innovadora que permite sustituir la resonancia magnética multiparamétrica (RMN). Permite visualizar la próstata en tiempo real y realizar biopsias guiadas.

De este modo, facilita la detección de tumores que podrían no ser identificados mediante la resonancia magnética y mejora la visualización de la zona periférica de la próstata.

En caso de identificar un área sospechosa durante la exploración, es posible realizar una biopsia en el mismo acto.

¿Cómo conocer el grado en el que se encuentra el cáncer de próstata?

Cuando la biopsia confirma la presencia de un cáncer de próstata, el siguiente paso es determinar su nivel de agresividad o grado.

Un mayor grado indica un tumor más agresivo, con mayor probabilidad de diseminarse o progresar rápidamente.

Para evaluar la agresividad del tumor, se emplean diferentes técnicas como:

Puntuación de Gleason.

Es el sistema más utilizado para determinar el grado del cáncer de próstata y permite diferenciar entre tumores menos agresivos y aquellos con mayor agresividad.

El grado se establece en una escala del 1 al 5, donde 1 corresponde a un patrón bien diferenciado (similar a las células normales) y 5 a un patrón pobremente diferenciado (más anormal).

Se asigna un grado primario a las células tumorales predominantes y un grado secundario a aquellas que representan una menor proporción del tumor. La puntuación de Gleason resulta de la suma de ambos grados dominantes.

De este modo, el rango de la puntuación de Gleason va desde 2 (1+1), que corresponde a tumores poco agresivos, hasta 10 (5+5), que indica tumores altamente agresivos.

¿Cómo saber si hay metástasis del cáncer de próstata?

Una vez confirmado el diagnóstico, y ante la sospecha de que el cáncer pueda haberse extendido más allá de la próstata, pueden recomendarse pruebas de imagen como el TAC abdominal y la gammagrafía ósea.

Estas exploraciones permiten descartar la afectación de ganglios linfáticos, de otros órganos y la presencia de metástasis ósea.

Tratamiento del Cáncer de Próstata

El tratamiento del cáncer de próstata depende del estadio de la enfermedad, del perfil del paciente y de la agresividad del tumor. En Clínica Navalón apostamos por un enfoque personalizado y multidisciplinario, basado en la evidencia científica, que nos permite ofrecer las mejores opciones terapéuticas en cada caso.

Existen diversas modalidades de tratamiento para el cáncer de próstata según cada situación:

Tumores con buen pronóstico y no agresivos:

Vigilancia activa

En algunos casos, un cáncer de próstata de buen pronóstico y baja agresividad puede no requerir tratamiento inmediato y optar por un control estrecho. La vigilancia activa es una alternativa en tumores que no producen síntomas, están localizados en una pequeña zona de la próstata y presentan un crecimiento muy lento. El tratamiento solo se iniciará si se detecta un aumento en la agresividad que pueda comprometer la salud del paciente.

No obstante, la vigilancia activa no implica “no hacer nada”. En primer lugar, es necesario realizar un estudio completo de la próstata para descartar la presencia de tumores de alto riesgo, y el paciente debe comprender los beneficios y limitaciones de esta estrategia. Además, el seguimiento es riguroso e incluye resonancias prostáticas, biopsias de control y la supervisión por especialistas en uro-oncología.

El principal beneficio de este enfoque es la ausencia de efectos secundarios asociados a los tratamientos. Como desventaja, requiere la realización de múltiples pruebas, algunas de ellas invasivas, como las biopsias prostáticas.

Tumores con buen pronóstico que pueden tratarse localmente:

Terapia Focal

Crioterapia.

La crioterapia o crioablación utiliza temperaturas muy bajas para destruir las células cancerígenas. Mediante unas agujas que se colocan por vía transperineal en las zonas a tratar, se consigue congelar el área de la próstata deseada y destruir todo el tejido tumoral.

HIFU

Los ultrasonidos focalizados de alta intensidad consiguen el mismo efecto lesivo sobre las zonas tumorales, pero gracias al calor que un dispositivo de ultrasonido es capaz de concentrar en el tejido de la próstata y hacer que muera, sin afectar a otros tejidos adyacentes.

Electroporación.

La electroporación permite también preservar al máximo las estructuras sanas vecinas a la lesión tumoral a tratar. Por vía transperineal, se colocan varias agujas entre las que se desarrolla una diferencia de potencial eléctrico. Así, se administran una serie de pulsos eléctricos cortos y de alto voltaje, que tienen efecto destructivo selectivo sobre las células cancerosas de la lesión a tratar.

Tumores agresivos:

Prostatectomía radical (cirugía)

En los casos en los que el tumor es agresivo y no puede abordarse mediante opciones más conservadoras, la alternativa con mayor intención curativa es la cirugía. El tratamiento quirúrgico del cáncer de próstata consiste en la extirpación completa de la glándula prostática y de los tejidos circundantes, incluyendo en algunos casos los ganglios linfáticos de la región pélvica.

Es una opción indicada para el tratamiento de tumores localizados en la próstata, aunque en determinadas situaciones también puede combinarse con otros tratamientos en casos más avanzados.

La intervención puede realizarse mediante distintos abordajes, como:

Abierto.

En la cirugía abierta o cirugía retropúbica, el cirujano realiza una incisión larga en parte baja del abdomen para tener acceso a la glándula prostática y extirparla.

Laparoscópico.

En el abordaje laparoscópico, el cirujano hace pequeñas incisiones por las que se introducen instrumentos quirúrgicos y una cámara de video (laparoscopio) para observar dentro del abdomen durante el procedimiento.

Robótico.

Durante la prostatectomía radical asistida por robot, los instrumentos quirúrgicos se conectan a un dispositivo mecánico (robot) y se insertan en el abdomen a través de varias incisiones. El cirujano se sienta frente a una consola y usa los controles manuales para guiar el robot y mover los instrumentos.

Actualmente, en Clínica Navalón contamos con sistemas de cirugía robótica de última generación. Esta tecnología permite trasladar con gran precisión los movimientos del cirujano, mejorando la ergonomía y reduciendo el temblor. Además, ofrece una visión tridimensional real del campo quirúrgico, con una excelente calidad de imagen que garantiza máxima claridad y precisión en los detalles.

No obstante, ninguno de los abordajes disponibles ha demostrado ser superior a otro en términos de control oncológico ni en la preservación de la función urinaria o sexual del paciente. Sin embargo, tanto la cirugía laparoscópica como la cirugía robótica han demostrado reducir el sangrado y acortar la estancia hospitalaria.

Estos procedimientos tienen una duración aproximada de entre 2 y 4 horas y se realizan bajo anestesia general.

Radioterapia

La radioterapia consiste en la administración de radiaciones ionizantes para el tratamiento del cáncer, utilizando energía de alta potencia con el objetivo de destruir las células cancerosas. Puede emplearse como tratamiento único o en combinación con la cirugía.

En el cáncer de próstata, existe una modalidad denominada braquiterapia, indicada principalmente en pacientes con tumores de bajo riesgo. Esta técnica consiste en la colocación de semillas radioactivas en el interior de la glándula prostática, que liberan una dosis baja de radiación de forma continua durante un periodo prolongado.

También puede utilizarse la radioterapia externa mediante equipos especializados. Esta opción está indicada en tumores localizados en la próstata y también puede emplearse para ralentizar el crecimiento del cáncer cuando se ha diseminado a otras zonas del cuerpo, como los huesos, ayudando además a aliviar síntomas como el dolor.

En la radioterapia de haz externo, el paciente permanece acostado en una camilla mientras una máquina se desplaza a su alrededor, dirigiendo haces de energía de alta potencia (rayos X o protones) hacia la próstata.

Terapia Hormonal

La testosterona, principal hormona sexual masculina, está directamente relacionada con la evolución del cáncer de próstata. En este sentido, la terapia hormonal tiene como objetivo reducir sus niveles en el organismo o bloquear sus efectos sobre la próstata. Al disminuir la acción de esta hormona, se consigue una regresión del tumor.

El tratamiento de deprivación hormonal suele indicarse en combinación con la radioterapia o en aquellos casos en los que la enfermedad se encuentra diseminada.

¿Cómo elegir el tratamiento adecuado?

Cada diagnóstico es único. Elegir el tratamiento adecuado para el cáncer de próstata depende de múltiples factores que deben ser evaluados de forma personalizada por un equipo médico especializado. No existe una única opción válida para todos los pacientes.

En Clínica Navalón, nuestros especialistas valorarán su caso de manera integral y le explicarán las diferentes alternativas terapéuticas, así como sus beneficios y posibles efectos secundarios.